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domingo, 13 de julio de 2008

Reseña de


CALDERÓN DE LA BARCA, Pedro, ¿Quién hallará mujer fuerte? Ed. Ignacio Arellano y Luis Galván. 2001, 160 pp.

ISBN: 3-935004-42-7
EDITORIAL REICHENBERGER


¿Quién hallará mujer fuerte?, “extraño título para un auto sacramental”, podría pensar el lector en un primer momento. No obstante, a medida que vaya adentrándose en la lectura, comprobará que Calderón eligió muy bien el epígrafe de esta obra, ya que toda se articula en torno a la búsqueda de una mujer fuerte, la ya anunciada en el Génesis, y que a lo largo de la historia irá conformándose como la prefiguración de la Virgen María y, también, de la Madre Iglesia.

Sin embargo, Calderón no nos presenta a una sola mujer, sino que serán dos las que aparecerán como modelos de conducta y de fe, y que, sin saberlo, optarán al título de “mujer fuerte”. Así pues, por un lado está Débora, quien adquirirá el liderazgo del pueblo de Israel y lo conducirá a la victoria, y por otro Jael, verdadera heroína de la historia, y reconocida finalmente como la más fuerte por conseguir redimir no sólo al pueblo hebreo, sino al mundo entero al acabar definitivamente con Sísara, personaje que encarna e pecado, la tiranía y el mal.

Ignacio Arellano y Luis Galván se encargan de la edición de este auto, junto al que nos ofrecen, como ya es habitual en la serie Autos sacramentales completos de Calderón, un amplio y detallado estudio introductorio sobre la obra en cuestión, donde además de señalar la ya reconocida importancia estructural del auto sacramental por sus dos niveles de interpretación, el “alegórico” e “historial”, que le permitieron a Calderón “desarrollar un cuerpo de doctrina más amplio”, a la vez que le proporcionaba al público la ilusión de ver a personajes celestiales y terrenos interactuando entre sí, envueltos de música y aparato, los dos editores profundizan sobre las cuestiones siguientes: “La representación y sus circunstancias”, “Fuentes y tradición”, “Argumento”, “La doctrina de ¿Quién hallará mujer fuerte?” y “Doctrina moral: las virtudes teológicas y morales”. Asimismo, no debemos dejar de mencionar la publicación en este volumen de la memoria de apariencias del auto, como el entremés que lo acompañó, El escolar y el soldado, elementos que acaban de completar la edición.

Finalmente, sólo añadir que con este auto sacramental Calderón se mantiene fiel a la historia bíblica (capítulos cuarto y quinto de Jueces) y a su mensaje: Dios también se sirve de mujeres fuertes y valientes para guiar y librar a su pueblo. Un mensaje que contrasta con la concepción que se tenía en aquella época del género femenino y que puede inducir al lector a plantearse cuestiones más contemporáneas, como qué liderazgo pueden desempeñar las mujeres en la Iglesia hoy en día.

Escrito por Alba Urban

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